Juventud en Ucrania: ¿motor del cambio?

He aquí un intento de retratar a los jóvenes ucranianos con todos los límites que implica la tarea de analizar algo vivo, heterogéneo y en continua transformación. Tras algo más de dos años de la Revolución del Euromaidán, ¿cuáles son los principales retos de las nuevas generaciones? ¿Y sus aspiraciones?

“Vine al Maidán porque el Gobierno robó el futuro de Ucrania y las aspiraciones de la juventud”, dice un chico de no más de 25 años en Winter of fire, el documental que recoge los meses de la Revolución del Euromaidán, protestas que contaron desde el comienzo con la masiva participación de estudiantes y jóvenes. No era la primera vez que la juventud se erigía como protagonista en las calles, así fue también en la Revolución en el Granito (1990) y la Revolución Naranja (2004). Las nuevas generaciones – algunos jóvenes nacidos ya en la Ucrania independiente – parecen maduran a golpe de crisis y protestas.

Dos años después de las revueltas del Euromaidán, el papel de los jóvenes como agentes de cambio político y social podría exigir mucho más que salir a las calles. “La juventud tiene gran potencial para moldear la historia de un Estado, pero necesita persistencia y un duro trabajo de las nuevas generaciones para lograr una verdadera democracia”, en palabras de las socióloga Oleksandra Senchuk. La demanda de mejoras en la calidad de la educación, un mayor desarrollo de la sociedad civil, penetrar en las estructuras políticas y económicas para establecer mejores prácticas, así como avanzar en el terreno de la igualdad y la tolerancia serán, entre otros muchos, los campos de batalla de la juventud ucraniana. ¿Están los jóvenes prepararos para tales desafíos?

La (incómoda) relación con la política

La juventud ucraniana ha actuado como motor de las principales protestas durante las últimas décadas, pero no ha sido nada fácil para las nuevas generaciones canalizar esa presencia en las calles a la hora de ganar poder político.

Las razones que se esconden tras esa incapacidad para asaltar el poder podrían estar relacionadas, en parte, con la propia naturaleza del Estado ucraniano, donde “los oligarcas y los grupos financieros que apoyan a los partidos políticos tienen sus propias agendas que, normalmente, no incluyen dar una oportunidad a los programas de las nuevas generaciones”, refleja el análisis de la experta Nadia Diuk. Otro de los factores, también intrínseco al sistema político, sería la fuerte centralización del Estado, que complica en gran medida la movilidad de los jóvenes líderes, limitando la opción de comenzar su labor política en áreas locales y regionales para luego dar el salto a la arena nacional. Por otro lado, también podría influir la percepción de la política que tiene los jóvenes o cómo se ha inculcado su significado: “desde el poder se ha transmitido a la juventud que la política es algo sucio y es mejor que se mantengan fuera de ella, se dice que debe trabajar para el país, pero no en la primera línea política”, explica Sergiy Mytrofanskyi a esglobal, exministro adjunto de la cartera de Juventud y Deportes. De hecho, las encuestas reflejan que la confianza en las instituciones políticas por parte de los ucranianos es baja, exceptuando el Ejército, que goza de buenas opiniones. Este recelo hacia las instituciones del Estado se observa también entre la juventud – ciudadanos entre los 14 y los 35 años, aproximadamente el 32% de la población total –, según estudios de opinión conducidos en los últimos años.

Euromaidán: ¿qué ha significado?

La Revolución de la Dignidad supuso un punto de inflexión para parte de la juventud. “Para mí fue muy importante unirme a Euromaidan SOS [iniciativa creada por jóvenes que nació como respuesta a la represión policial de las protestas], entonces yo solo era una estudiante, y pensé, si no soy yo quien hace algo, ¿quién será?”, narra Mariia Lysenko (23 años), activista de derechos humanos. La idea de que la política es algo malo y que es mejor no involucrarte en ella podría estar cambiando poco a poco: “Ahora la gente ha empezado a entender que política no es algo que alguien monopoliza, es todo lo relacionado con la opinión pública, un instrumento para cambiar cosas”, afirma Oleksandra Romantsova (30 años), que trabaja para Center for Civil Liberties.

Tras la Revolución nuevos partidos han emergido en la arena política del país, formaciones que incluyen a jóvenes profesionales y representantes de la sociedad civil. Este es el caso del partido Autoayuda, que entró en la Rada (Parlamento ucraniano) tras las elecciones de 2014 y formó parte de la coalición de Gobierno, hasta abandonarla en febrero de 2016. Nuevas formaciones políticas como Alianza Democrática y El Poder del Pueblo, nacidas en el entorno de la sociedad civil, representan “una nueva calidad de partidos políticos, pero no han tenido la oportunidad de ser visibles ni actores políticos exitosos a causa de las actuales reglas del juego político”, afirma un reciente informe, en relación a cómo la falta de financiación pública y transparencia hace que gran parte del dinero que sostiene a los partidos políticos venga de oligarcas, quienes además suelen ser propietarios de medios de comunicación, fomentado la imagen y visibilidad de uno u otro candidato.

Estas reglas del juego no ponen nada fácil a las nuevas generaciones a la hora de lograr actuar como verdaderos agentes políticos, ya que el viejo sistema se resiste a transformaciones que pongan en peligro su propia supervivencia. ¿Hay espacio para la esperanza? Quizá sí. “Hay partidos que están naciendo en la esfera regional y local, tienen poco tiempo de vida, puede que incluso no sobrevivan, pero si lo hacen, podrían dar el salto a la ámbito nacional en el futuro”, afirma Romantsova. “Uno de los objetivos principales es crear instrumentos para que los jóvenes tengan influencia en la escena estatal. El joven no solo como consumidor de la política, también como creador, como participante activo”, defiende Mytrofanskyi, que ha trabajado en el diseño de la política gubernamental para la juventud 2016-2020.

La sociedad civil se mueve

Desde las Revolución de la Dignidad, la anexión de Crimea y la guerra derivada de la insurgencia separatista en el este del país, la sociedad ucraniana ha experimentado un importante aumento del activismo. Han nacido nuevas plataformas, coaliciones y asociaciones en contra de la corrupción y en defensa de las libertades. Algunas que ya existían con anterioridad han centrado su trabajo en las urgencias del momento, por ejemplo, la asistencia de desplazados internos. “Hay cosas que los ciudadanos estamos haciendo porque el Estado no las hace como, por ejemplo, documentar la situación de los derechos humanos en el este del país”, cuenta Mariia Lysenko que ha viajado a la zona para realizar esta labor como voluntaria.

En el campo de la tolerancia y la igualdad, la actividad cívica también va abriéndose camino. Desde la fundación Fulcrum, su director Bogdan Globa, explica a esglobal cómo su organización – con gente joven entre sus filas – trabaja para defender los derechos de la comunidad LGBT y para que se establezca un marco legal efectivo contra la discriminación, “creando mecanismos que castiguen o sancionen, por ejemplo, a las empresas que discriminen por razones de género u orientación sexual”, afirma.

En cuanto a la participación de la juventud en actividades cívicas, según un estudio de 2015, un 54% de los jóvenes estuvo involucrado en una iniciativa de este tipo en los últimos 12 meses de ese mismo año, y un 36% había ejercido alguna vez como voluntario, pero solo un 2% era miembro de organizaciones cívicas juveniles. Los principales temas de interés a la hora de unirse a una iniciativa fueron la asistencia a menores en crisis humanitarias, la defensa de derechos humanos, la mejora de las infraestructuras en el ámbito local y la lucha contra la corrupción, según el mismo informe.

Sin embargo, no solo es importante el rol de los jóvenes como creadores o participantes activos en la sociedad civil, sino también como receptores de las campañas que promuevan valores como la tolerancia y la igualdad. En este terrero hay trabajo por hacer: un 54% de la juventud ucraniana es intolerante hacia la comunidad romaní, así como a un 45% y a un 33% no le gustaría vivir en un barrio donde residan homosexuales o personas con VIH/sida (el país tiene una de las tasas más altas de ciudadanos con esta enfermedad de Europa), respectivamente, según recoge un estudio de opinión.

Uno de los grandes desafíos será que este boom de acción y reivindicación ciudadana no decaiga o se diluya con el paso del tiempo: “Es verdad que la sociedad civil ha madurado, ha aumentado la participación política, pero también hay cierto agotamiento, han sido dos años muy duros. Es un proceso normal, habrá que ver qué pasa”, indica Globa. La sociedad civil es uno de los elementos más fuertes de Ucrania y puede ser una gran herramienta para presionar exigiendo reformas en áreas tan relevantes para los jóvenes como la educación y el mercado laboral.

Kiev, tenemos un problema: la educación

Casi un 50% de los jóvenes ucranianos tiene una licenciatura y la tasa de fracaso escolar no es significativa, en gran medida debido a que la educación secundaria es obligatoria y gratuita. Entonces, ¿qué es lo que falla en el sistema educativo? La mala calidad, especialmente de la escuela secundaria, donde además los profesores tienen unos suelos muy bajos, unos 120 euros mensuales. Sin olvidarse de la desigualdad entre el entorno urbano y rural – donde reside alrededor del 26% de los jóvenes del país –, ya que el porcentaje de estudiantes de primaria y secundaria que están fuera de la escuela es mayor en los pueblos que en las ciudades y, además, se resiente aún más la calidad: los graduados de escuelas rurales muestran peores resultados todo los años, según el estudio Education in Ukraine. En el ámbito universitario las principales asignaturas pendientes son un mejor modelo de financiación, abordar el desajuste entre la formación y la demanda del mercado laboral, así como fomentar el espíritu empresarial, aprovechando al máximo el potencial innovador que alberga la juventud.

¿Y las soluciones? Una mejor distribución de los fondos e incrementar los salarios de los profesores, exigiendo al mismo tiempo una mayor formación del profesorado, podrían ser algunas de las medidas por las que empezar, aconseja Yegor Stadny, director del think tank CEDOS. “El país vive un declive de la natalidad, habrá menos jóvenes, es el momento para llevar a cabo las reformas”, afirma Stadny, “aunque para todo ello la economía del país debe reconducirse”, añade. Y es que a causa del deterioro económico, en 2014, Ucrania fue el país de Europa cuyo gasto en educación sufrió un mayor descenso, ámbito que ha sufrido, junto al sistema sanitario, los mayores recortes en esto últimos tiempos.

Summer Camp 2013. Source: Flickr

 

Trabajo, expectativas y ¿’fuga de cerebros’?

Y tras los estudios llega el gran reto: dar el salto al mercado laboral. En el caso de Ucrania, la tasa de desempleo, entre un 15% y 17%, no espeluzna como en otras partes de Europa (léase Grecia o España, con el 50% y 44% de jóvenes parados, respectivamente).

Aunque la cifra de desempleados no es alarmante, y tampoco existe una gran incidencia de trabajos temporales, la mitad de la juventud ucraniana no trabaja en puestos que corresponde a su especialización, existe mucho empleo informal, poca protección de los derechos laborales y, en general, los salarios son muy bajos (unos 150 euros al mes de media). La mayoría de los jóvenes prefieren de manera abrumadora (alrededor del 80%) buscar empleo en el ámbito privado, donde creen que pueden optar a un salario mayor y tener más oportunidades de desarrollar su carrera profesional. De todas formas, las encuestas no arrojan datos muy positivos en cuanto a la relación expectativas-realidad en asuntos materiales: solo el 8% de los jóvenes afirma vivir confortablemente y tan solo el 1% dice haber alcanzado un estatus financiero deseable.

Los expertos coinciden que sería conveniente analizar las tendencias para ajustar mejor la formación académica con el mercado laboral, ofrecer asistencia para que lo jóvenes puedan elegir una carrera profesional con mayor rigor y educar más en el ámbito empresarial, ya que “a cerca del 38% de los jóvenes les gustaría crear su propio negocio”, subraya Mytrofanskyi. ¿Y la esfera pública no es en absoluto atractiva? “Hay gente interesada también en el sector público, quieren cambiar las cosas, aunque sea con salarios bajos, pero quizá sería conveniente aumentarlos con el fin de motivar”, afirma Oleksandr Ustýmenko, recién licenciado en Economía y representante del Parlamento Europeo juvenil en Ucrania.

En este contexto existe la posibilidad de que se desaproveche la inversión en educación y el talento de las generaciones más jóvenes, así como que la insatisfacción laboral derive en bajos niveles de productividad. Otro de los grandes riesgos es que los jóvenes con mejor formación – licenciados y con estudios de postgrado – se vayan del país en busca de opciones laborales en el extranjero. Ucrania tiene una larga historia de migraciones y hay importante diásporas ucranianas en distintos puntos del mundo. En 2014, unos 33.000 jóvenes ucranianos vivían en la UE estudiando y realizando algún tipo de prácticas. ¿Se puede hablar de fuga de cerebros? “Depende de dónde vayan. Si estudian en Polonia, por ejemplo, donde es más fácil conseguir el diploma, normalmente vuelven a Ucrania. Si el lugar es Alemania, hay más posibilidades de que estudien allí y se queden”, afirma Stadny. La mayoría de los jóvenes no quieren emigrar, pero la inestable situación económica, el conflicto en el sureste del país y la búsqueda de mejores niveles de vida representan hoy, y probablemente lo sigan siendo en el futuro, las principales motivaciones a la hora de hacer las maletas.

La juventud y el conflictoUn particular desafío supone la situación en el sureste de Ucrania, aún en guerra tras el alzamiento de las milicias en los oblast de Donetsk y Lugansk, tras la anexión rusa de Crimea y el lanzamiento de la “operación antiterrorista” por parte de Kiev contra los rebeldes. Dos años después el conflicto sigue sin cerrase, y ha generado una huída masiva de personas: 1,6 millones de desplazados internos y algo más de 1 millón de ucranianos se han ido a países vecinos, principalmente a Rusia, según la ONU. La mitad de los desplazados internos son personas jóvenes, entre los 16 y los 35 años. “No queda mucha gente joven en el sureste del país, la principal expectativa ahora es que la guerra termine, que haya posibilidades de hacer planes de futuro”, explica Anna Morgunova (23 años) de Lugansk.

El impacto del conflicto también se ha hecho notar en el servicio militar. Se ha producido un incremento, en un 30%, de las deserciones de los hombres, entre 20 y 27 años, llamados a unirse al Ejército, según fuentes oficiales. Además, la guerra pasó en 2015 a ocupar el primer lugar en la lista de los asuntos que más preocupan a los jóvenes, por delante de los problemas económicos y la corrupción.

Dentro de las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk, la mayoría de las persones siguen pensando que las protestas del Euromaidán fueron un golpe de Estado y no perciben a Rusia como agresor. ¿Es diferente la juventud de estas regiones a las del resto del país? “La mentalidad de que eres una pieza pequeña en una gran maquinaria es más característica del sureste mientras que en el resto del país se es más consciente de que somos responsables de nosotros mismos”, afirma Romantsova, aunque cree también que la gente joven en estas regiones es más abierta, “tiene más conexiones con Europa gracias a Internet y las redes sociales” y los jóvenes que han tomado las armas “buscan sobre todo un sentimiento de poder”. Por su parte, Ustýmenko cree que, en general, se comparten los mismo valores y al final “lo que todos queremos es la paz”.

Quizá no haya grandes diferencias en cuanto a las prioridades vitales de la juventud (educación, trabajo y la posibilidad de crear sus propias familias), sin embargo, las poblaciones, incluidas las más jóvenes, sí podrían diferir en relación a la construcción nacional, moldeada por una historia que acerca a unas regiones más a Rusia y otras a Europa. También existe el factor socioeconómico, la división entre el entorno rural e industrial, es decir, entre la Ucrania oriental industrializada por influencia rusa, con mayores recursos económicos, y aquella más rural que encuentra más beneficios en un futuro cerca de Europa, apunta la politóloga Ruth Ferrero.

El tiempo dirá si es posible que estas regiones se reintegren en el Estado ucraniano, si hay espacio para una futura reconciliación o si, por el contrario, las nuevas generaciones de esta Ucrania dividida se distancian cada vez más, atrincheradas en nacionalismos excluyentes.

La responsabilidad de abanderar el futuroLa juventud ucraniana se enfrenta a enemigos intangibles como son el agotamiento y la frustración, especialmente, si a corto y medio plazo las ansiadas reformas, la estabilidad económica y el fin del conflicto no se logran, si el gran caballo de batalla del país, la corrupción, sigue campando a sus anchas. Sobre las espaldas de los jóvenes pesan las expectativas de erigirse en la futura elite política y económica, mejorar los niveles de vida sin renunciar a las libertades, ayudar a sus mayores a asimilar los cambios… Una responsabilidad que abruma.

La nueva generación de ucranianos es educada, digital, más conectada al mundo y con muchos más derechos de los que gozaron sus padres y abuelos. Lo saben. Son conscientes también de que su país está viviendo un momento crucial: tienen la sensación de que las reformas serán ahora o no serán, de que se ha abierto una ventana para la oportunidad. ¿Lograrán aprovecharla?

Published 15 September 2016
Original in Spanish
First published by Esglobal 14 September 2016 (Spanish version)

Contributed by Esglobal © Ana Mangas / Esglobal / Eurozine

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