Mirar hacia otro lado

18 December 2017
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Las violentas represalias que están sufriendo los reporteros que cubren la persecución de los homosexuales en Chechenia pone de relieve los peligros de sacar la verdad a la luz en un estado corrupto. Un periodista checheno habla de las dificultades a las que se enfrenta.

This article is part of Eurozine partner journal Index on Censorship’s ‘Journalists’ Toolbox’ series, providing advice and knowledge from Index correspondents, in multiple languages, about their work:

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Una sola ley gobierna la labor de los periodistas de Chechenia: todos somos parte del servicio de prensa de Ramzan Kadyrov. Desde que Kadyrov llegó al poder en 2007 como jefe de la república, los medios de comunicación se han convertido en su herramienta personal de propaganda. Una vez casi me quedé sin trabajo por utilizar, para un reportaje, metraje en el que salía Alu Aljanov, expresidente de la república y predecesor de Kadyrov. Aljanov es un político decente, pero a Kadyrov no le gusta. Por eso no se puede mencionar su nombre. En otra ocasión, grabé una entrevista con un hombre al que las autoridades chechenas habían torturado. Cuando salió la entrevista a la luz, el hombre tuvo que huir del país para permanecer a salvo. Sigo creyendo es mi culpa.

LGBT rights

Protesters in Toronto (Canada) march to raise awareness about the LGBT people’s situation in Chechnya. Source: JasonParis/Flickr

Los periodistas de aquí y ahora saben lo que pueden y no pueden escribir si quieren mantenerse sanos y salvos. Desgraciadamente, lo que pueden escribir no es mucho. La principal fuente de noticias de cualquier publicación son Kadyrov, su familia y sus parientes. No hay prácticamente una sola historia emitida por los medios chechenos que no nombre a Kadyrov. Tal vez haga referencia al propio jefe de Chechenia; a su padre, asesinado en 2004; a su madre, que dirige una fundación benéfica, o a su mujer e hijos. Así funciona con las noticias de política y hasta con los deportes. Por ejemplo, puede salir un titular diciendo que Kadyrov ha visitado el ensayo de una compañía de danza, ha elogiado a los artistas o le ha entregado al solista las llaves de un coche o incluso de un piso. Otro dirá que Kadyrov se ha pasado por el torneo anual de artes marciales mixtas en Grozny, o mostrará a Kadyrov visitando un hospital y repartiendo sobres de dinero a los pacientes. El único momento de las noticias en el que el jefe de Chechenia no sale nombrado es en el pronóstico meteorológico.

La televisión se utiliza no solo como propaganda sino también como instrumento de intimidación. Las historias que parecen atraer más atención muestran a personas disculpándose ante Kadyrov por haberse quejado de las autoridades. El asunto funciona de la siguiente manera: en las redes sociales, alguien critica a las autoridades y habla de la corrupción, los salarios retenidos o algún secuestro. Las autoridades lo ven, encuentran a su autor y le dan una paliza o lo amenazan, colocan una cámara y lo obligan a disculparse.

Otro ejemplo: cuando Kadyrov empezó a usar Instagram, los chechenos entendieron su presencia en esta red social como una oportunidad de dirigirse a él directamente. Al ver que regalaba pisos, coches y cosas caras a gente distinguida, los ciudadanos empezaron a hablarle de problemas reales, como no tener un techo, tener un hijo enfermo, estar en el paro o cobrar un sueldo ridículamente bajo. Un equipo especial contactaba con el autor de cada petición, acudía a la dirección correspondiente e investigaba la situación. A primera vista, todo muy humanitario; pero, en realidad, el equipo había sido creado para proteger a Kadyrov de los problemas de quienes le hacían peticiones. A menudo la «verificación» terminaba siendo una noticia emitida por televisión en la que denunciaban que la persona en cuestión era un vago o un impostor.

En Chechenia también hay un ejército de trolls de internet. La organización está ubicada en un edificio del complejo de las Torres Grozny-City. Tiene empleadas a una docena de personas que monitorizan constantemente los medios chechenos y rusos y ponen comentarios sobre cualquier cosa que tenga que ver con Kadyrov y con Chechenia. Si es una buena noticia, los empleados de la organización la confirman. Si es mala, la niegan. En una ocasión, un «comentario» escrito por un tal Nikolai de Arjangelsk decía: «Volví ayer de Chechenia. No hay ningún secuestro. Todo el mundo quiere a Kadyrov. Grozny es la ciudad más segura del mundo.»

Los empleados cobran grandes sumas por su trabajo como trolls. Algunos trabajadores de los medios de comunicación también reciben primas si suben buenas noticias sobre Chechenia a las redes sociales.

Hay medios de comunicación independientes, de Rusia y otros países, que operan en Chechenia, pero también el suyo es un trabajo difícil. Kadyrov dice mucho que los medios de comunicación como Ejo Moskvy, Novaya Gazeta, RBC, Dozhd de Rusia y Meduza de Letonia son traicioneros, hostiles y solo buscan la ruina del país. Por ejemplo, cuando Novaya Gazeta publicó en marzo una serie de artículos de investigación en los que informaban de que estaban atrapando a hombres sospechosos de homosexualidad y torturándolos en prisiones secretas, la historia fue tachada de falsa. Alvi Karimov, portavoz de Kadyrov, describió el reportaje de Novaya Gazeta como “puras mentiras” en una entrevista con la agencia de prensa Interfax, financiada por el estado ruso, en la que decía que no había gais en Chechenia a los que perseguir.

El descrédito no es la única amenaza: los reporteros corren verdadero peligro. Los periodistas de estas publicaciones están sometidos a vigilancia e intimidaciones constantes. A veces los matan. En el último par de décadas, dos periodistas de Novaya Gazeta han sido asesinados mientras cubrían noticias de Chechenia, y el reportero que trabajaba en los casos sobre homosexualidad ha recibido amenazas. En una reunión de unos 15.000 hombres el pasado 3 de abril, Adam Shahidov, consejero de Kadyrov, llamó a los periodistas de Novaya Gazeta «enemigos de nuestra fe y nuestra patria», y prometió «venganza», según denunció el Comité para la Protección de los Periodistas.

Por otro lado, están las dificultades de encontrar gente a la que entrevistar. La gente normal tiene demasiado miedo de hablar con periodistas y los cargos públicos simplemente se niegan a hacerlo. Estos medios de comunicación no pueden contar con corresponsales anónimos en Chechenia porque es casi imposible permanecer en el anonimato. Chechenia es pequeña; todo el mundo se conoce. Los periodistas pueden ocultar su nombre, pero si quieren realizar una labor periodística normal, necesitan entrevistar a gente, dar detalles, describir lo sucedido. Es muy fácil usar esos detalles para entender acerca de qué y de quién se ha escrito el artículo en cuestión. Sabiendo de lo que son capaces las autoridades chechenas en lo que respecta a aplastar la disidencia, nadie quiere exponer alguien solo porque acceda a que lo entrevisten.

Hasta la prensa extranjera sufre. Hasta hace poco estaba bien representada, y los periodistas venían y realizaban entrevistas a menudo. La gente se sentía más cómoda al hablar con ellos, quizá porque los artículos se publicaban en idiomas extranjeros y raras veces se traducían. Pero la situación cambió drásticamente en marzo de 2016, cuando un grupo de periodistas que viajaban con activistas pro derechos humanos sufrieron palizas y graves lesiones en la república vecina de Ingushetia. Alguien prendió fuego a su vehículo y tuvieron que ser hospitalizados. Nadie dudó por un momento que los atacantes habían actuado por orden de las autoridades chechenas. Tras el incidente, pocos periodistas extranjeros se han arriesgado a venir. Sin ellos, la esperanza de poder ofrecer información veraz sobre lo que está ocurriendo en Chechenia es aún más escasa.

 

El autor de este artículo es originario de Chechenia y lleva más de diez años trabajado en medios del país. Ha preferido permanecer anónimo por razones de seguridad.

Published 18 December 2017

Original in English
Translation by Arrate Hidalgo
First published in Index on Censorship (Summer 2017)

Contributed by Index on Censorship
© Index on Censorship / Eurozine

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